#SiMeMatan

Por Matilde Córdoba

#SiMeMatan no podrán decir que acostumbraba a trasnochar, que me drogaba y que era tomadora. Sí podrán decir que salía sola, que me ponía faldas, que contradecía a los hombres, que era feminista (ese término no les gusta), que solía ser metida e intentaba sensibilizar a otras mujeres sobre la violencia machista y que siempre estaba insistiéndole a mis colegas periodistas que no era importante saber si el violador o femicida estaba ebrio, que eso solo los justificaba.

Podrán decir también que era radical y recordarán lo que contesté cada vez que oí esa maldita pregunta que surge después de un femicidio: “¿y es que la mató porque andaba con otro?”. Y recordarán también que siempre endurecía el rostro y contestaba de mala forma: la mató porque se creía dueño de su cuerpo y de su vida.

#SiMeMatan me pasará lo de Micaela, la argentina; lo de Lesby, la mexicana por quien ahora escribo; o lo de Lucero, la nica a la que su expareja asesinó en la entrada de su casa la madrugada del domingo 30 de abril. Saldrá más de alguno o alguna tratando de hacerme responsable de mi propia muerte, intentando comprender qué pude haber hecho para que me pasara esto. Sobrarán los motivos para criminalizarme.

Miles de mexicanas están ahora especulando en las redes sociales qué dirían de ellas si las asesinaran. Usan el hashtag SiMeMatan. Lo hace a raíz de la muerte de Lesby Berlín Osorio, de 22 años, estrangulada con un cable de teléfono en México D.F. esta semana.Leer más »

Las canciones machistas que ya no canto

cassette

Por Matilde Córdoba

Antes que pudiera descargar Spotify en mi celular y de poner la antena en el carro sin temor a que me la robasen en un parqueo, solía escuchar una sola emisora cuando iba camino al trabajo. Casi siempre cuando faltaban dos semáforos antes de llegar al periódico salía en la radio una canción que me atraía por el ritmo y que sin darme cuenta me aprendí. Digamos que me aprendí el coro. Un día le puse cuidado a la letra y para mi sorpresa me descubrí rogándole a un ex, sabrá Dios cuál, que me ayudara a olvidarlo: no me trates bien ni sonrías más… Sé un ex de verdad, trátame mal, ayúdame con eso.

Supe después que la canción se llama un ex de verdad (los ex de verdad son los que maltratan según las intérpretes) y que la cantan dos muchachas cuyo nombre artístico es Ha-ash. Para no caer en la tentación de cantar la canción, ahora cambio la emisora cada vez que la ponen en la radio. Reflexioné desde entonces en cuánto machismo trae la música y cómo nosotras lo validamos aceptándola, cantándola, pidiéndola en las radios, yendo a los conciertos de esa gente. Si no estamos suplicando que un hombre no nos deje, estamos justificando y a veces pidiendo el maltrato. No importa que las interpreten mujeres u hombres.

Leer más »

Ángeles con distintos rostros

ANGELES MEDIA CUARTILLA

Por Matilde Córdoba

Él dice que tiene ángeles que lo cuidan. Por eso frente a mí hay ángeles de todo tipo: con caras de niños traviesos, con caras de insectos, con caras risueñas y otros sin cara. Hay gordos, flacos y amorfos. Los hay de madera, de barro, de cabuya, de hoja de plátano y de hierro. Con enormes piernas y chaparros. Hay una negrita bonita junto a un ángel friolento y abrigado y hay muchos otros que tienen la sonrisa que a veces aquí falta. Afuera hay más ángeles pero da pereza ir a contarlos. Quizá tenga unos cuarenta. Un cactus sobre el escritorio absorbe las malas energías que emanan de la computadora. Y las que se le pegan a él. Entre los ángeles hay libros. La mitad no los ha leído. Eso será cuando se jubile.

El lugar debería ser más extenso. O eso dice él. Deberían caber más calaches (y así tendría oportunidad para comprar más libros, más ángeles, quizá un equipo de sonido, tal vez otra impresora, un mueble más grande, se podría meter la bici estacionaria o el escritorio grandote). En el sitio hay fotos. Hay también recetarios que evidencian que le gusta comer bien. Hay una caja de puros autografiados y papeles que han sido subrayados con marcador.

Leer más »

Un año de Media cuartilla 

STORIES

Por Matilde Córdoba

Media cuartilla nació después de la Semana Santa de 2015. Yo tenía el pie enyesado por  un esguince y la preocupación de tener tanto tiempo libre, mucho calor y muchos programas televisivos que ver. Eso provocó que retomara la vieja idea de escribir en un blog. Contacté a la Mildred Largaespada y le pedí ayuda. Ella me mandó a reflexionar y tomó, como toma todo, muy en serio la tarea. Pensá en un nombre o en varios, mirá los diseños y nos reunimos mañana por skype, me orientó en principio. En esas estuve varios días y después de varios encuentros por skype con la Mildred, llegué a la parte más difícil: pensar sobre qué escribir, así que hice una presentación que pocos leyeron y el 25 de mayo de 2015 escribí la primera entrada formal: la historia sobre la muerte de una niña en un avión de La Costeña. La niña muerta la titulé. Yo estuve ahí cuando sucedió todo. Esa primera entrada tuvo 526 visitas en las primeras 10 horas.

Desde esa primera entrada hasta ahora he publicado 26 escritos sobre temas diversos que han tenido como característica en común mi experiencia. Es decir, he estado de metida en casi todos los escritos, así fuesen sobre el acoso callejero, sobre León, sobre la guerra y hasta sobre el famoso envenenador Oliverio Castañeda (en esa última entrada conté que mi bisabuela fue una de las que lo creía inocente y acudía al juicio solo para escucharlo hablar). En el blog he publicado también un par de entrevistas y he escudriñado en mi niñez y hasta en mis traumas.

Hasta hoy Media Cuartilla ha tenido 18,924 visitas. Los lectores provienen en primer lugar de Nicaragua y luego de Estados Unidos. Le siguen los de México, España, Costa Rica, Canadá, los Países Bajos, Panamá y Colombia. No sé quién me lee en la India, Vietnam y Nigeria, pero el año pasado registré cuatro visitas en cada uno de esos países. En 2015 los visitantes llegaron desde 56 países. Este año tengo registradas tres visitas desde Australia, una en Andorra y cuatro en Irlanda por mencionar tres zonas distantes entre los 55 países que registran las estadísticas de 2016. Me gustaría saber quiénes son esos lectores.

Media Cuartilla llega a 130 direcciones de correo electrónico, pero suelo interactuar solo con unos pocos. Todas las entradas han sido pensadas con anticipación. Han sido hechas y rehechas. Antes escribía al salir del trabajo y concluía los domingos, ahora termino los viernes. En ocasiones un par de amigos las leen antes que sean publicadas.

¿Sobre qué le gusta leer a la gente? Pues los gustos son diversos. La entrada más leída se llama Sobre esos que quedaron en la montaña sin tumba y sin gloria. Esta cuenta la historia de un chavalo que murió mientras hacía su Servicio Militar Obligatorio. A su mamá le entregaron el cadáver equivocado y 30 años después pudo hallarlo. Entrevisté a su hermano, Francisco Alvarenga, quien escribió una novela. En un día esta entrada alcanzó las 1900 visitas, un récord que hasta entonces ostentaba una entrada sobre León, mi León. Esta también ha sido una de las más comentadas: 24 comentarios. Ese mismo número de intervenciones tiene la de León. La segunda más comentada es una que se llama Los primeros de mi familia. Creo que en este caso todos los comentaristas son parientes míos.

Leer más »

Lo que el güegüe me enseñó

UN GUEGUE1

Por Matilde Córdoba

Poco después de accidentarme junto con mi tía Mirna aquel 6 de enero de 1990 recibí un regalo: el cuento infantil Un güegüe me contó. Me lo llevó alguien que llegó a visitar a mi abueli a León después de la muerte de mi tía. Antes de escribir esto le pregunté a mi mamá quien había sido. Dijo que María Hamlin. “Era amiga de Mirna”, añadió.

Los meses posteriores a la muerte de mi tía me atribulé con pensamientos nada típicos en una niña de cinco años. Nadie había podido explicarme bien cómo es que ella había muerto. Las pocas preguntas que hice entonces no pudieron ser respondidas. Creo que entonces asenté algunos rasgos muy característicos en mi personalidad, como la de callar más y hablar menos. En esos momentos de silencio encontré paz en el libro. Me intrigaban los cuerpos desnudos de las personas ahí retratadas, sonreía viendo cómo le colgaban las chichas a las mujeres ilustradas. Volteaba las páginas y me quedaba ida frente a las huellas pintadas en las páginas del libro —las huellas de Acahualinca—.

“Un día malo, hace ya como quinientos años,

hombres de casco y coraza, encaramados en caballos,

con armas de hierro que volaban pólvora,

llegaron a Nicaragua para robar el oro de los templos

y el de los brazaletes…”.

Extracto de Un güegüe me contó

Unos años atrás fui a entrevistar a María López Vigil a su oficina en Nitlapán y me encontré con el libro expuesto en una vitrina ubicada en la recepción, ¡qué gran alegría fue aquella! Yo me sabía única por haber tenido ese libro. Pensaba que solo yo lo tenía. Supe hasta ese momento que mi entrevistada era además su autora y con gran entusiasmo le conté que el libro había sido algo así como una fuente de tranquilidad para mí. Con pena le confesé que nunca lo había leído.

Leer más »

¿Tenemos todos un poquito de Ricardo Mayorga?

 

 

PORTADA QHUBO

Por Matilde Córdoba

Asistimos al último espectáculo de Ricardo Mayorga. Vimos un video en el que sale robándose un celular con la experticia de la mejor ganchera, escuchamos luego las declaraciones de su abogado, Carlos Mario Peña, asegurando que el exboxeador estaba guardándose el aparato en la bolsa trasera de su short. Luego lo escuchamos a él diciendo que no tiene necesidad de robarse un celular porque “¡celulares son lo que más le sobran!”. Volvimos a ver el video (solo en la web de El Nuevo Diario las cuatro notas acerca de esto tuvieron 60,000 visitas en un día) y nos quedamos, como siempre, debatiendo sobre la vulgaridad y los excesos del que un día fue el campeón de las 147 libras de la AMB y el que noqueó a Vernon Forrest.

A Mayorga lo acusaron por violación poco antes de su pelea contra Félix Trinidad en septiembre de 2004, pero antes ya había ido a los juzgados acusado por los delitos de amenazas y lesiones. El año pasado lo vimos en la tele manoseándole las nalgas a la novia de Shane Mosley y luego observamos con detenimiento un video grabado por unos transeúntes en el que salía durmiendo en aparente estado de ebriedad. Todo lo que huele a Mayorga genera visitas en las páginas web, rating y controversia. Me explicaba el colega Carlitos Alfaro que Mayorga ha sido experto en mercadear sus peleas. Cuando se enfrentó a De La Hoya, a Vargas, a Mosley y a Cotto fueron llenos totales porque él “con su estilo de chico malo motivaba a la gente a pagar el PPV”. Dicen los consabidos en el tema que técnica nunca tuvo pero que era fuerte, que aguantaba y que golpeaba. Más recientemente popularizó las artes marciales mixtas en el país. Ahí estábamos todos viéndolo hacer el ridículo. Para quejarnos, para vulgarearlo o para mostrar pesar, pero estuvimos frente a la tele.

Por eso entonces convendría que nos preguntáramos qué tanto tenemos todos de Mayorga y en qué medidas hemos contribuido a hacer de él lo que hoy es. Yo iría más allá y preguntaría por qué en su mayoría los deportistas nicas no son responsables con la fama que llevan a cuestas y por qué vivimos tratándolos con guantas de seda.

Leer más »