Las mujeres que se reinventan por el cambio climático

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Cultivo de maíz en la parcela de Yokasta Calero, en San José de Pire, Condega, Estelí.

Por Matilde Córdoba

En los primeros días de septiembre Yokasta Calero, agricultora de San José de Pire, una comunidad ubicada en las profundidades de Condega, en el corredor seco del país, tiene previsto sembrar dos manzanas de frijoles y de sorgo. En sus manos tiene un informe meteorológico para los próximos quince días. Sabe cuánto será la velocidad del viento, la humedad relativa, las temperaturas máximas, mínimas y medias; la radiación solar, la cantidad de lluvia que caerá y con qué intensidad.

Esta información le fue proporcionada por una de las 12 estaciones meteorológicas que han sido instaladas en comunidades de algunos de los municipios de Estelí y Madriz. Una de estas se encuentra en una parcela propiedad de Yokasta, quien tiene 40 años y es madre de dos mujeres y un varón.

“Cuando no teníamos la estación lo que se hacía era esperar y ver si llovía. La gente sembraba y si no llovía, se corría el riesgo de perder todo”, recuerda Yokasta.

En abril, durante la siembra de primera, se ayudó de la información proveída por la estación para decidir en qué momento sembrar el maíz.

“Lo hicimos con las primeras lluvias porque la estación indicaba que iba a llover. En ese momento las mujeres de la comunidad y los demás miembros del banco de semilla comunitaria estuvimos en un taller, analizamos la información, vimos cuánta agua iba a caer y era favorable. Incluso mi papá sembró y nuestro maíz se vendió en elotes, lo dimos a C$320 los 100”, relata.

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Del maíz que cultivan Yokasta y otras comunitarias elaboran rosquillas. En la gráfica ella está preparando hojaldras.

San José de Pire es una de las comunidades del corredor seco del país. En 2014 y 2015 fue castigado por el fenómeno climático El Niño, que en ese primer año, según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) provocó en Nicaragua la peor sequía registrada en 32 años.

Las redes de estaciones climatológicas, que incluyen la instalación, adquisición, mantenimiento de equipos y capacitación de técnicos y comunitarios en el manejo de la información son parte del componente de Fortalecimiento del Sistema de Información Agroclimático Participativo que implementa el programa Innovaciones tecnológicas para construir medios de vida resilientes en familias campesinas del corredor seco, que se ejecuta en un departamento de Honduras y dos de Nicaragua, Estelí y Madriz.

Con la implementación del proyecto se pretende incrementar la productividad de granos básicos a través de la producción y acceso a semillas criollas y acriolladas, actividad que será reforzada con el uso y manejo de las buenas prácticas y el dominio de la información agroclimática, lo que permitirá la toma de decisiones precisas y oportunas.

MAPA NICARAGUA final

Esta zona se caracteriza por los bajos rendimientos en la producción de granos básicos y por las limitadas estrategias de diversificación y adaptación al cambio climático. Datos del proyecto indican que más del 79% de la producción de granos básicos en Honduras y Nicaragua se encuentra en manos de pequeños y medianos productores como Yokasta, y que esta productividad se ve afectada por la baja productividad y sostenibilidad ambiental y social, principalmente en los municipios del Corredor Seco.

San José de Pire es además una de las comunidades más vulnerables de esta zona, según datos oficiales. La tasa de analfabetismo es de más del 40% y la de pobreza de más del 50%.

El pronóstico

Cada quince días se emite un pronóstico del tiempo, explica Humberto Blandón, a cargo del proyecto en Nicaragua. “Las estaciones están conectadas a otra red de estaciones internacionales y la información que emiten se compara con varias, ¿cuál es la idea? Que los mismos productores puedan tomar decisiones acertadas”, dice.

Blandón agrega que la información que les proporciona la estación, cuyo costo es de US$2,000, les permite también decidir hasta el tipo de variedad de semilla que deben sembrar.

“Si se espera que vengan lluvias y están en época de arranque de frijol, se decide que hay que arrancar antes el frijol porque la lluvia no lo permitirá. Si se va a sembrar frijol y se pronostica poco agua, se decide sembrar una variedad de ciclo precoz”, añade.

Los agricultores se reúnen en las denominadas mesas agroclimáticas donde se combinan conocimientos locales y científicos y se ofrecen recomendaciones para la reducción de riesgos.

“En las mesas agroclimáticas se expone todo, los productores dicen en qué etapa fenológica está el cultivo y se discute qué hacer. Por ejemplo: el pronóstico es que viene un periodo de agua, temperaturas altas, humedad relativa alta, entonces basado en esto se deduce que se van a presentar enfermedades, por lo que se recomienda hacer una aplicación preventiva de un fungicida porque son condiciones propicias para que se presenten hongos”, explica Blandón.

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Esta es la estación climatológica ubicada en La Pava, en Pueblo Nuevo.

Lo que indica la Luna

A una hora de San José de Pire, subiendo y bajando cuestas, sobre un camino pedregoso, se llega hasta La Pava, comunidad del municipio de Pueblo Nuevo, en Estelí. Ahí vive Harold Wilfredo Olivas. Cerca de su vivienda, construida con madera y rodeada por un jardín lleno de flores, está ubicada otra estación climatológica.

Este agricultor cuenta que cuando se reúnen para analizar la información toman en cuenta los aprendizajes que les han transmitido sus ancestros.

“Por ejemplo, las fases de la Luna son muy importantes, estamos acostumbrados a la experiencia ancestral, nuestros abuelos y abuelas nos dicen que no es bueno sembrar cuando hay Luna tierna porque el maíz se crece grandísimo, no echa chilote o no revienta”, relata.

Los agricultores tienen sus creencias. Harold Wilfredo menciona algunas de ellas: “El árbol llamado cortés florece dos veces al año, su segunda florecida se da cuando el invierno ya está o está a punto de venir, y también hay otro árbol, el del muñeco, que cuando madura es porque el invierno está a punto de instalarse”. Toda esa información se contrasta con la que ofrece la estación climatológica.

Luego de esto divulgan la información. “Si hay un pronóstico de lluvia le pasamos información a la Palagua porque generalmente la lluvia que nos cae en La Pava cae también en la Palagua, en Tierras Blancas y en las Mesas”, indica Harold Wilfredo refiriéndose a las comunidades vecinas.

“Toda la información es valiosa”, sostiene Humberto Blandón. “Se compara la información local de ellos con lo que dice la estación para ver en qué medida hay una similitud entre la información de pronóstico generada con la que ellos han conocido de forma ancestral”, agrega.

Las estaciones fueron ubicadas en las comunidades donde hay mejor señal de internet. La vida útil de cada una depende del mantenimiento que se le dé y en ese sentido cada promotor está siendo capacitado para dárselo cada seis meses.

El mantenimiento es sencillo, dice Blandón. En ocasiones la estación se llena de hormigas, le cae basura que es arrastrada por el viento o los pájaros hacen nidos. “Nos damos cuenta si la estación no está funcionando porque no emite la información”, agrega.

Este proyecto está siendo desarrollado por el consorcio conformado por las organizaciones Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) de Nicaragua, ARSAGRO de Honduras, Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y Heifer Project International con sede en Honduras y Nicaragua.

¿Aprendiendo todo de nuevo?

INFO FINAL CAMBIO CLIMÁTICO

Desde los 15 años Leocadio Polanco, hoy de 64, se dedica a la agricultura. Hasta ahora, sin embargo, está aprendiendo a seleccionar las semillas, saber de qué variedad es, cuál es más resistente a la sequía o al exceso de lluvia, cómo se debe sembrar para tener una mayor producción y qué opciones a los plaguicidas existen.

“Estoy aprendiendo esto del fitomejoramiento”, dice Leocadio desde su casa de adobe, en la que vive con seis de sus ocho hijos e hijas. Él es de El Achiote, una comunidad de Telpaneca, en Madriz, donde campea la pobreza.

Rubén Martínez, técnico que asiste a los campesinos, explica que el fitomejoramiento consiste en el mejoramiento de las semillas criollas que están en la zona para evaluar cuál es más resistente a las sequías o al exceso de lluvia. Los capacitan sobre las mejores formas para sembrar y les dan alternativas para no usar plaguicidas.

“Estamos aprendiendo cómo mejorar la semilla, cómo vamos a curar los frijoles y el maíz sin necesidad de usar químicos. Hemos aprendido las distancias que deben haber entre los zurcos y las plantas”, cuenta Leocadio, un señor siempre sonriente.

Enseñarles nuevas técnicas a los productores implica que haya un cambio de mentalidad y de actitud, sostiene Humberto Blandón. “Nuestro trabajo como técnico también es el de sensibilizar”, dice. Y no todos son como Leocadio.

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Leocadio Polanco.

Los cambios en las dimensiones de siembra en el caso del maíz y del frijol están ligados al rendimiento. Los agricultores suelen sembrar muchas plantas en un espacio reducido.

“No es igual que dos plantas estén luchando por agua, nutrientes, por sol, a que estén luchando seis, la cantidad de agua sería mucho mayor, dos plantas aprovechan mejor el agua, eso se traduce en que estará en mejores condiciones y va a producir más”, explica Humberto Blandón.

Los productores suelen usar hasta 100 libras de frijoles para sembrar en cada manzana. “Lo correcto es usar 60 libras”, advierte el técnico Martínez.

“Esto tiene que ver con las distancias de siembra, 70 centímetros entre zurco y zurco, entre golpe o golpe o planta y planta son 20 centímetros y se depositan de dos a tres semillas por golpe. Eso optimiza la cantidad de semillas y se vuelve más productiva la planta porque tiene menos competencia por agua, luz y nutrientes. El año pasado, después que cambiaron las formas de siembra cada planta tenía hasta 20, 25 vainas, 30 en unos lugares y antes 5 o 10”, dice Rubén Martínez.

Felícita Francisca Mejía Guerrero, 27 años, cuenta que antes su pareja usaba pastillas para curar los frijoles. “Ahora lo hacemos con nin, ajo, chile, método de la candela, se usan bolsas plásticas, envases de plástico, en silos metálicos y en barriles. El año pasado para postrera nos dieron frijoles, hicimos la práctica de cómo curar herméticamente en bolsa y el frijol se mantiene sano, no se le introduce el gorgojo que es el que lo daña”, detalla.

Aunque es oriunda de El Achiote y vive lejos de Yokasta tienen en común que son líderes en su comunidad y están emprendiendo cambios.

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