#SiMeMatan

Por Matilde Córdoba

#SiMeMatan no podrán decir que acostumbraba a trasnochar, que me drogaba y que era tomadora. Sí podrán decir que salía sola, que me ponía faldas, que contradecía a los hombres, que era feminista (ese término no les gusta), que solía ser metida e intentaba sensibilizar a otras mujeres sobre la violencia machista y que siempre estaba insistiéndole a mis colegas periodistas que no era importante saber si el violador o femicida estaba ebrio, que eso solo los justificaba.

Podrán decir también que era radical y recordarán lo que contesté cada vez que oí esa maldita pregunta que surge después de un femicidio: “¿y es que la mató porque andaba con otro?”. Y recordarán también que siempre endurecía el rostro y contestaba de mala forma: la mató porque se creía dueño de su cuerpo y de su vida.

#SiMeMatan me pasará lo de Micaela, la argentina; lo de Lesby, la mexicana por quien ahora escribo; o lo de Lucero, la nica a la que su expareja asesinó en la entrada de su casa la madrugada del domingo 30 de abril. Saldrá más de alguno o alguna tratando de hacerme responsable de mi propia muerte, intentando comprender qué pude haber hecho para que me pasara esto. Sobrarán los motivos para criminalizarme.

Miles de mexicanas están ahora especulando en las redes sociales qué dirían de ellas si las asesinaran. Usan el hashtag SiMeMatan. Lo hace a raíz de la muerte de Lesby Berlín Osorio, de 22 años, estrangulada con un cable de teléfono en México D.F. esta semana.

Informó El País en su edición digital del jueves que “cuando la encontraron, su mano todavía sujetaba una cadena de perro. Dos días después, las autoridades no han encontrado a un culpable. Sobre la mesa hay dos sospechosos: su novio y ella misma”.

En una serie de tuits las autoridades informaron que “era alcohólica y mala estudiante”, “estaba drogándose con unos amigos”, “se había ido de casa y vivía en concubinato con su novio”. Son los “hechos”, dirán algunos.

#SiMeMatan-3

“Las declaraciones han provocado la cólera de un país azotado por la violencia machista”, agrega el periódico español.

Pero esta no es una situación exclusiva de México sino de nuestra sociedad machista, de los medios que la reproducen y de los gobiernos que la apañan.

¿Se acuerdan de Ángela Verónica Crespo? Tal vez no. Ella apareció asesinada en un cauce de Managua en octubre de 2016. Antes que la mataran había estado en un bar con un hombre, tenía dos hijos y era muy pobre. Escuché a más de uno preguntarse qué hacía esa mujer, madre de dos hijos, de noche y tomando. Vi y leí en los medios los detalles de esa parte de la última noche de Ángela. Sin decirlo claramente muchos se preguntaban si ella no se había buscado su muerte: “¿y quién le cuidaba a los niños?”, insistían. Lo mismo pasó con Xiomara, a quien un amigo suyo mató y tuvo enterrada por más de 40 días en su casa. A Xiomara le gustaba salir de fiesta. “Tampoco era buena cosa”, escribió un periodista de un medio televisivo en su cuenta de Facebook mientras el país estaba horrorizado por el hallazgo de su cadáver.

Entre los miles de tuits de mexicanas con el hashtag #SiMeMatan me encontré uno que tiene mucho de verdad: “¿Saben qué es lo peor del HT ‪#SiMeMatan? Detrás de cada tuit hay una mujer aterrada porque sabe que sí la pueden matar”.

#SiMeMatan-4

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