Nicaragua: ¿es cierto que los jóvenes de hoy son apáticos a la política?

JOVENES MEDIA CUARTILLA

Por Matilde Córdoba

Un par de semanas atrás el sitio web del semanario Confidencial publicó un artículo que provocó un acalorado debate entre los jóvenes y algunos adultos y no tan adultos. Abordaba algunos de los hallazgos del estudio Masculinidad hegemónica en los jóvenes posrevolución  —realizado por la periodista Sofía Montenegro, del Centro de Investigaciones de la Comunicación (Cinco)— entre los que destacaba el escaso interés de la juventud actual por la política. Las reacciones fueron inmediatas. Artículos con explicaciones y reclamos fueron y vinieron en distintos medios digitales y en las redes sociales.

“Nos tildan de “individualistas” porque valoramos la educación como una forma de salir adelante y aportar al país (eso es acción política, pero no la que quieren reconocer como tal ahora)… Nos llaman pasivos porque nuestros padres nos han recomendado hasta el cansancio que no vale la pena solo concebir la idea de comprometerse a un proyecto armado en contra de un gobierno”, fue parte de lo escribió Ernesto Rogelio Valle Moreno en un artículo publicado en la comunidad de bloggers Política Mente Incorrecto a modo de respuesta.

Ese fue una de las primeras reacciones, pero luego vinieron muchas más, entre esas la del caricaturista Pedro X. Molina, quien dedicó una caricatura al tema y luego escribió un artículo respondiendo a las críticas de los jóvenes.

Convencida que el tema nos atañe a todos, entrevisté a Sofía Montenegro para que ahondara más sobre la investigación y respondiera a los cuestionamientos. A continuación la conversación con ella.

Sofía, hablemos sobre la investigación

Se hizo esta encuesta con 1500 chavalos con edades entre los 15 y los 25 más o menos, que son los que nacieron básicamente en el 2000 y antes. Se hizo a finales del año pasado. En el camino dijimos: la encuesta no es suficiente, lo ideal es entrevistar a la generación anterior, los padres de estos chavalos. Entonces en realidad son dos investigaciones. Vamos a analizar los resultados de la encuesta primero y después vamos a cruzar la generalidad con un grupo de doce, entre adultos y chavalos. Los padres andarán por los cuarenta y algo, y esto se hará para tratar de cruzar las miradas y que expliquen un poco por qué esta generación reacciona de la manera en la que lo hace. Esa es la segunda parte que hay que desentreñar.

En los resultados encontrás algunos vínculos donde los padres en primer lugar quieren que sus hijos tengan todo lo que ellos no tuvieron.

Y que no quieren guerra

Si hay un consenso en este país es que nadie quiere guerra. En la mayoría de los casos ellos (los padres) no lograron ese proyecto de autorrealización personal. Como relató uno: yo quería ser médico y terminé al final de mi Servicio Militar de cuenta propista y cuando fui a la universidad estudié ingeniería porque era lo único que había, pero mi hijo va a ser médico.

Entonces esa determinación de los padres, de la generación anterior, de que sus hijos tengan todo lo que ellos no pudieron, es un dato relevante.

¿Esa determinación es general, sin distingo de simpatías políticas, de si uno fue del Frente o contra?

Sí, es un sentimiento amplio, digamos. Lo otro es que hay mucha decepción, de sentir la generación anterior de que su esfuerzo, su sacrificio, entre ellos mutilaciones, pérdida de familia, migración, exilio y conflictos familiares terminó en esto que tenemos ahorita. Hay una suerte de discurso de no te metas en política, no te metas en política, que está gravitando en las siguientes dos cohortes que le siguen, que son sus hijos. Ese es un dato que todavía vamos a explorar más con toda la información de las entrevistas que tenemos.

Al final los chavalos tienen muy poco que decir, los de quince son muy cipotes y los de 20 y pico también. Lo que es fascinante son las entrevistas de los padres que no son tan viejos porque andan en los 40 y algo o están llegando a los 50. Ves aquel dolor, decepción, hay testimonios bien duros de cómo fue que los agarraron, te deja muy movido el piso.

Estoy leyendo Perra vida, el libro de Juan Sobalvarro, un gran testimonio no solo por cómo está escrito sino y sobre todo por el nivel de detalles, y llegué a la conclusión fácil que es probable que mi generación, que no es ninguna de las dos que están estudiando, tiene una noción muy mínima de lo que pasó toda esa generación a la que le tocó ir a la guerra. Sabemos que hubo guerra, suponemos cómo son las guerras, pero hasta ahí.

Esa es parte de la construcción de la memoria generacional. Este es un análisis sociológico de cuáles son las razones del clima psicológico que hay en el país y el comportamiento de la gente.

Hay tres hallazgos fundamentales de esta encuesta: lo que se llama masculinidad hegemónica, tiene cuatro indicadores: la autosuficiencia prestigiosa, que tiene que ver con la creencia referida a la autoafirmación individual y la afirmación del protagonismo y el éxito, que aparece aquí como que la principal meta es tener una profesión, una casa y un trabajo. Después está la heroicidad belicosa, que corresponde plenamente a que para ser hombre hay que rifarse en una guerra y matar y ser muerto.

Ir a runguear como dicen…

La mentalidad runguera. Ese valor fue prevaleciente en la década de la guerra y es el que muestra un descenso. Los otros más o menos se mantienen, el respeto  a la jerarquía por ejemplo aparece casi intocable y los estereotipos de género, la superioridad de los hombres sobre las mujeres aparecen intactos.

Una hipótesis es que seguramente el poco cambio que ha habido desde el 2000, cuando yo hice la investigación sobre cultura sexual y 2015, 2016, es en que en ese lapso han ocurrido un montón de cosas. El Estado se ha vuelto un Estado casi clerical, neoconservador, la educación pública ha venido para abajo. Los movimientos que hacían activismo y cambio de valores prácticamente han sido desaparecidos y tienen poco espacio para trabajar. Los medios de comunicación, que son parte del sistema de educación informal que reciben los ciudadanos, esa agenda está borrada completamente.

Hay una serie de factores que pueden explicar que el fenómeno del cambio en los valores sea muy leve, particularmente en lo referido a la masculinidad, a la sexualidad, etcétera. En el rango de la familia el valor que ha cambiado es sobre la heroicidad belicosa.

Seguimos siendo conservadores, ¿es así?

Exacto. La única variación tiene que ver con la participación política porque no es solo el rechazo a la guerra, es la idea de que la política puede llevar a la guerra, entonces la respuesta es no te metás en política, el disuasivo.

¿Llegamos a la conclusión que todo ha sido influenciado por los padres? Es decir: ¿esos padres que los instan a no meterse en política, a que se superen, a que aspiren a una profesión, a tener una casa, son los mismos que los motivan a creer en una religión, a casarse, a no aceptar a los homosexuales, a la supremacía del hombre sobre la mujer?

Exactamente, pero el sistema también funciona como un disuasivo para la participación política porque también han incursionado en todos los espacios de participación. Los movimientos son las ágoras de las nuevas generaciones para aprender ideas, valores, intercambiar opiniones distintas, para reunirte con gente que no es ni tu pariente ni tu familia, para rebasar el espacio cerrado de la familia, de la comunidad, del vecindario. En ese momento nace la sociedad civil, cuando la sociedad civil se repliega a la familia y a la comunidad, desaparece. Ese es más o menos un axioma sociológico. Por eso es que el discurso oficial es la familia y las comunidades porque la verdadera participación comienza cuando te juntás para defender derechos con gente que ni son tus vecinos ni es tu familia, son otros desconocidos que se juntan y montan una asociación o un movimiento y empiezan a reclamar derechos de cara al Estado. Cuando eso desaparece, desaparece la sociedad civil.

Esta investigación ha visto la luz, digamos, de forma un poco accidentada. Muchos jóvenes lo han tomado como una crítica y lo han interpretado como que se les reclama que no están dispuestos a sacrificarse por la patria…

No, de hecho creo que es una reacción culposa porque nadie los ha estado acusando de nada, esta es una investigación que constata hechos y datos. Los datos a mí no me gustan pero eso fue lo que salió: una juventud que es bastante conservadora, poco secularizada, en términos que creen en Dios y con una visión muy ensimismada y despolitizada en el mejor sentido de la palabra. Lo más correcto sería desciudadanizada. No piensan como ciudadanos.

SOFIA MONTENEGRO

¿Qué implica que no piensan como ciudadanos? Ellos alegan que sí se involucran en causas justas y en determinados momentos han elevado su voz para exigir derechos, por ejemplo cuando el OcupaInss.

La Constitución dice que sos ciudadano de una República y todos son iguales en derechos. Cuando esos derechos son conculcados, volvés por esos derechos, pero aquí ves que cada día perdés más derechos y no hay reacción. No reclaman sus derechos como ciudadanos. Hay una suerte de conformismo contra el autoritarismo, contra el abuso y no porque se lo hagan a los partidos políticos, es porque se lo hacen a la ciudadanía. Yo no los veo ni siquiera reclamando sus derechos al estudio. Olvidémonos de las elecciones, si decimos que su principal interés es estudiar y que su obligación principal es ser buen estudiante, yo no los veo peleando por una educación de calidad, ni en secundaria ni en la universidad. Por el derecho a organizarse como estudiante, tampoco. Todo está atrapado por sindicatos blancos y por movimientos parapartidarios.

Volvemos al inicio: reclamar, enfrentarse podría implicar sangre y nadie quiere eso.

Sí, pero el asunto es que las mujeres lo hacen, los movimientos y grupos de mujeres lo han hecho durante todas las administraciones habidas y por haber, desde la caída de la Revolución hasta nuestros días. Las mujeres han tomado riesgos. Ahora está regenerándose el movimiento campesino que fue diezmado durante los ochenta y hay una nueva generación de campesinos porque si te fijas en las marchas contra el canal hay mucha gente joven.

Si creen que pelear por sus propios derechos implica un riesgo, ¿eso culpa de quién es?, ¿de sus padres o del sistema que está allá afuera que no los deja organizarse?, ¿de quién es la responsabilidad y a quién hay que denunciar porque te están quitando derechos?

Las mujeres han reivindicado la lucha contra la violencia. Logramos después de casi 20 años  que se hiciera una ley, la mandaron a la basura. El tema del aborto… vos ves que siguen ahí y hay mujeres jóvenes. Es un movimiento intergeneracional.

Creo que es más bien una coartada la que tienen los jóvenes, no le podés decir absolutamente nada porque se sienten interpelados y de hecho hay una interpelación. Yo les digo: no te metas en los partidos políticos, ese no es el problema, ¿pero sus derechos cuándo los van a defender? Y con el sombrero de ciudadano.

Me llama la atención que los jóvenes tienen ambiciones muy legítimas pero continúan teniendo ideas atrasadas sobre, por ejemplo, la diversidad sexual y el papel de las mujeres.

El discurso oficial que es de circuito cerrado, como le digo yo, que se repite, las universidades por ejemplo, están subordinadas, no producen investigaciones, no hay espacios de debates, están controladas no solo en términos de quién se puede organizar, cátedras libres no hay. Incluyendo las privadas.

¿De qué discutirán estos muchachos con sus profesores? La gente crítica y pensante no tiene trabajo en las universidades y tampoco puede hablar.

Yo creería que sí hay profesores con criterios propios, serán pocos pero seguro los hay…  

¿Y quiénes serán los 50 privilegiados que lograron oír a ese profesor en las tres o cuatro ocasiones que logró hablar algo importante? Es un problema sistémico. Hay un auge del retorno de la religiosidad, tenés a una primera dama que todos los mediodías te recita el Almanaque Bristol con los santos del día (…).

Todos son nativos digitales, esa es otra cosa interesante. Tienen acceso sobre todo a teléfonos pero lo que indica es que no se informan. Lo usan para hablar con su familia, con sus amigos y para entretenimiento, para oír música. Información pura y dura qué te diga qué rayos está pasando en el país no buscan. Y si ves los medios, en los medios del gobierno, todas son buenas noticias (…).

¿Qué falta en la investigación?

La parte cualitativa, donde está lo que piensan los chavalos y sus padres y hacer el análisis sobre eso.

El asunto básico me parece a mí es que son jóvenes que vienen de padres precarizados en el sentido sociológico porque ese es el otro problema, la ignorancia, cuando oyeron la palabra precarizado quién sabe qué se imaginaron, pero es precarizado en el sentido sociológico (…).

La reacción que he visto ha sido desinformada, inmadura y a la defensiva porque ellos saben, a mí que no me diga un chavalo de 25, 30 años, que no sabe de alguna manera que aquí están las cosas equivocadas, que su futuro está en peligro también. Entonces hay un estado como de negación psicológica de admitir cómo se llama el tren que te va a atropellar. Se ha confundido que la política son los partidos, la política es la acción de los ciudadanos en relación al Estado. El Estado es un administrador de los bienes de todo el mundo que tiene la obligación de responder.

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Un comentario en “Nicaragua: ¿es cierto que los jóvenes de hoy son apáticos a la política?

  1. Dice un dicho Nicaragüense que en la política todos comen del mismo plato y es muy cierto. Escribo esto pues me sorprendió leer que Wilfredo Navarro no descarta una alianza con el FSLN. Después que el era su opositor. No creí que fuera verdad , pensé que era una broma pero es cierto. En tiempo de elecciones veo como se dan las peleas en facebook entre mis amigos de tendencias políticas diferentes y al final los políticos andan haciendo las paces. Hay otro dicho que dice que si uno quiere tener una amistad no se habla de religión ni política, pues a veces pueden resultar controversiales. Creo que hay mucha decepción en la generación presente, pues los políticos no siempre han podido estar a la altura de lo que dicen. ¿Estar involucrado en la política necesariamente implica jurar lealtad a un partido político o más bien exigirle transparencia? Muchas veces la gente no necesariamente busca una democracia o una política saludable, sino a alguna que le favorezca sin importar la tendencia que esta tenga y si le beneficia se hacen la vista gorda de los errores que cometa el partido en el poder.

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