El mito de Oliverio Castañeda

LA TUMBA

Por Matilde Córdoba

Soy Gregorio Reyes, panteonero desde los once años. En ocasiones improviso y me convierto en guía turístico. Así como ando, con zapatos viejos y sin calcetines, a veces sucio y cargando un balde y una pala, sigo a los despistados que se aparecen por aquí buscando la tumba del famoso envenenador. Esta tarde de sábado, nublada y como siempre calurosa, estaba sentado con otros tres amigos debajo de un frondoso nim que está en la calle principal del cementerio cuando de pronto se detuvo un vehículo chiquito, de esos que ahora abundan aquí en León porque dicen que son económicos.

Bajaron el vidrio de adelante y preguntaron:

—¿De casualidad saben dónde está la tumba de Oliverio, de Castañeda?

Era una muchacha. Supe después que era periodista porque hacía muchas preguntas.

—En la tercera calle doble a la izquierda, al tope, junto a una tumba de verjas negras. No se pierde— contestamos los tres casi al mismo tiempo, señalándole con el dedo.

Pero se perdió. Casi siempre se pierden. Logré ver el carrito desde lejos y me monté en mi bici. La seguí junto a uno de los chavalos que me acompaña siempre, uno que también vive en el barrio, aquí nomás en Guadalupe. Ya había llegado al tope y estaba enderezando el carro, por lo que le pedimos que nos siguiera y así lo hizo. Nos detuvimos a pocos metros.

—Esta es, bájese— le sugerí, mientras le señalaba la losa blanca que tiene inscritas las palabras que ella miró toda alegre: “Dr. Oliverio Castañeda. 7 Julio, 1936”. Sobre la losa hay también una lápida, otra fecha (7 junio, 1936) y un versículo: “Mía es la venganza”. Hebreos 10:30.

Se quedó un rato viéndola, como hacen todos. Así pasó con una chinita que vino hace poco. Cargaba el libro que escribieron sobre él y pidió que la trajéramos. Me dejó cien pesos porque le estuve contando cómo vienen aquí los estudiantes de psicología y los de derecho y se paran frente a la tumba para cuchichear entre sí. A esta periodista le conté lo de la china y también lo de los cien pesos.

—La otra vez vino un gringo, traía un libro autografiado por el que lo escribió. Ese que lo escribió también vino y se hizo fotos.

—¿Y quiénes más vienen?—preguntó ella.

—También vino el Canal 10 y un picadito le dijo un poco de locuritas. Le habló de una viuda que viene a enflorar la tumba. Puras locuritas esas.

—Dicen mucho eso, que viene una mujer, que siempre está enflorada la tumba—insistió la muchacha.

Así que le aclaré que no, que eso no es cierto y le conté que desde chavalo me manejo en el panteón. Que antes sí solía venir con alguna regularidad una señora que vivía en el extranjero y que creo que vivía en Miami, pero ya ha de estar bien viejita porque hace mucho no viene. Parecía que había sido estudiante de él.

Al decirle eso ella me quedó viendo con cara de que no me creyó y se puso a tomar fotos. Cuando terminó de hacerlo le conté que una vez le vendí el libro que escribieron sobre Castañeda a un extranjero que se apareció aquí buscando la tumba.

—¿Castigo Divino?—me interrogó ella.

Le contesté que sí pero confundí a su autor. Le dije que se trataba de Omar Cabezas. La muchacha sonrió con cara de terror, apesarada por lo que pensaría el verdadero autor.

La verdad, la verdad, gente importante no hay mucha aquí, en este cementerio. O sí: está Máximo Jerez allá adelante, pero a él nadie lo viene a ver.

—¿Y quién pintó la tumba?, ¿saben quién paga los impuestos?—siguió preguntando la muchacha.

—Creen que es héroe y por eso no paga. La alcaldía lo dispensa, pues.

II

Foto de Olivero Castañeda  y el Dr. Ramón Romero.
Oliverio Castañeda de saco, tomando apuntes. Lo acompaña el doctor Ramón Romero. Foto del archivo personal de Sergio Ramírez.

Recuerdo poco a mi bisabuela, señora flaquita, dominante, madre de cuatro y de nombre Mercedes Montoya, quien a finales de 1933 solía acudir a los juzgados de León para apoyar a Oliverio Castañeda, quien entonces estaba siendo acusado de envenenar a su esposa, de origen guatemalteco como él, y a dos miembros de una familia leonesa de abolengo.

Entre la muchedumbre que acudía maravillada para verlo defenderse estuvo ella. El hombre era un tipo elegante y seductor con una capacidad increíble para argumentar, decía. La doña aseguraba que nunca le probaron las muertes, me cuenta mi tía Alma.

“En todo tiene razón su bisabuela: se defendía con brillantez, era elegante, y nunca le probaron las muertes; pero yo escribí la novela con la íntima convicción de que era el asesino después de repetidas lecturas del proceso, donde hallé las claves de su culpabilidad que los investigadores de entonces no lograron probarle”, sostiene Sergio Ramírez, autor de Castigo Divino, en una comunicación electrónica.

“Él abría las capsulas de quinina y ponía la estricnina en una sola, jugando a la ruleta rusa, con lo que quedaba a cubierto, pues las demás cápsulas, cuando las examinaban, tenían el contenido normal. Así usaba su talento refinado para seducir a las mujeres, para encantar al público y para matar”, agrega.

En Castigo Divino, Ramírez retrata a Oliverio Castañeda, cuenta cómo llegó a León y en qué circunstancias. Relata cómo se ganó la confianza de una familia leonesa y adinerada de apellido Gurdián, a quienes identifica como Contreras. Describe a la sociedad de la época e incluye cartas, testimonios y, entre otros, artículos periodísticos relacionados con la noticia del envenenamiento del patriarca de esa familia y de su hija. La trama atrapa de inicio a fin.

Con su obra, traducida a siete idiomas, el mito y la historia de Oliverio Castañeda, que todos los leoneses nos conocemos al dedillo, traspasó las fronteras y hasta se convirtió en una serie de televisión colombiana. Gracias a Castigo Divino, Gregorio Reyes, el panteonero, puede a veces hacer de guía debido a que la tumba se ha convertido en una suerte de destino turístico en León. Como muchos leoneses, Gregorio cuenta la historia que más le gusta.

Pero la novela marcó también a su autor. “Fue mi prueba de que quería seguir siendo escritor, y me dejó ese sentimiento, que fue allí donde probé mi vocación por la escritura, de la que después sería difícil, o imposible, apartarme; que uno si es escritor, se impone a las circunstancias y saca el tiempo como puede y de donde sea, aun levantándose de madrugada, aún oscuro, para escribir”, dice Ramírez sobre la obra. Él la escribió mientras era vicepresidente del país, en los ochenta, una época convulsa y marcada por la guerra.

“Abundan en el expediente las declaraciones fabricadas con pobre imaginación para tratar de pintarme con los aterradores colores de un psicópata, de un enfermo sexual, de un vil calumniador, de un mentiroso profesional; se me pone como dueño de un cerebro desquiciado, y todo lo bueno que se dice de mí, cuando se dice, mi don de gente, mis finas maneras, mis gracias y cortesías sociales, mi simpatía y talento, sirven a mis detractores solo para afirmar que tras esas cualidades se esconde la ponzoña del más vituperable de los asesinos…”.

Extracto de una declaración rendida por Castañeda, página 384 de Castigo Divino

La mejor gloria de una novela, dice Ramírez, “es cuando un personaje entra en ella viniendo de la vida real, y sale de ella para vivir entre la gente, tal como fue creado en la novela que entonces sustituye a la vida real. Así queda en el mito y sobrevive generación tras generación. Castigo Divino va ya para 30 años de haber sido publicada, y para entonces el proceso de Castañeda superaba el medio siglo”.

Hay quienes aseguran que los restos de Castañeda ya no descansan en la tumba que yo visité, la misma que visitó Sergio Ramírez en 2010 junto con el escritor puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá y muchos tantos más que se acercan embobados con la historia de una mujer que la visita  y enflora. Dicen que unos familiares se los llevaron a Guatemala.

Este año Oliverio Castañeda cumplirá 80 años de haber muerto, luego que le practicaron la denominada ley fuga. El caso continúa generando controversia y tratándose desde diferentes perspectivas según la clase social.

Y pese a que ni la Alcaldía de León  ni el Intur incluyen a la tumba formalmente como sitio de interés turístico, los lectores de Castigo Divino y los leoneses siguen llegando atraídos por el mito. Mientras no existan guías turísticos entrenados, ahí estará Gregorio improvisando, contando historias que pueden ser tan irreales como el de la mujer que llega a enflorar la tumba.

 

 

 

 

 

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17 comentarios en “El mito de Oliverio Castañeda

  1. Para las personas que vivieron en los años 30s, esa historia quedo impregnada en sus mentes y corazones, yo ni había nacido en esa época pero mi abuelita me contaba esa historia y la del carpintero Campuzano, , fueron dos casos en diferentes épocas y muy impactantes, el de Oliverio tenia una gran trascendencia porque estaba involucrada la Familia Gurdian Castro, un hermano de mi abuelita era un joven militar con grado de teniente y el participo en la captura de Oliverio y el registro de sus pertenencias y contaba que encontraron un manojo de cartas comprometedoras de todas las mujeres Gurdian Castro, todas tenían amoríos con el, y las pruebas estaban en esas cartas firmadas por todas ellas, y sus contenidos eran bien fuertes, desde la matrona Emilia Castro de Gurdian, así como de Ena Gurdian Castro (fue envenenada en esa epoca) y María Luisa Gurdian Castro, quien era la menor y la mas impetuosa defendiendo a Oliverio, esas cartas jamas fueron sacadas y desaparecidas por Tacho Ortiz, sin embargo Oliverio fue un completo caballero jamas menciono sus amoríos con esas mujeres, estando en la cárcel Doña Ena y Maria Luisa, le enviaban comida y viandas para que se alimentaran e incluso se hablo que pidieron permiso a los carceleros para llevarle un mueble y que ahí pusiera su ropa. Existe otro libro sobre el caso de Oliverio y su autor dijo cuando lo presentó que era un deshonor para la familia Gurdian todo lo que se comentaba sobre ellas y las defendió a capa y espada, el autor es el Dr. Ernesto Castellón Barreto. Sobre Campuzano deberías de investigar y contarnos ese suceso que esta bien olvidado.

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  2. También se comentaba que la gente del pueblo, apoyaba a Oliverio, pues el joven tenia un gran carisma y era muy educado, los y las jóvenes de la época durante los recesos del juicio hacían filas para saludar a Oliverio, también se dijo que durante el juicio en la pared que estaba detrás de Oliverio se posó una gran mariposa negra y la gente de esa época decían que era presagio de que moriría Castañeda, al veredicto le llamaron “gallo gallina”, porque fue condenado por la muerte de su esposa Martha y absuelto por los muertos de la familia Gurdian (Don Enrique y la joven Ena que se decía era una joven virtuosa). En el relato el sepulturero comento como si Oliverio había sido profesor y eso no fue así, el solo vino a León a terminar la carrera de derecho.

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  3. Da la casualidad que cerca de donde esta la tumba de Oliverio Castañeda, a unos cuantos pasos se encuentran las tumbas de mis familiares. Y de hecho, si he visto en varias ocasiones que tiene una flor, e incluso una vez tenía tres flores blancas. Siempre me quedo la incógnita de quién lo llegará a enflorar; pero de que alguien llega a ponerle flores, eso me consta.

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  4. Creo que este tipo de historias que han causado tanto impacto a la sociedad nicaragüense, se merecen ser contadas por grandes autores, el doctor Sergio Ramírez estuvo a la altura, y escribió un relato que te atrapa fácilmente.

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  5. En honor a la verdad es bueno aclarar, que la foto en la que aparece Oliverio Castañeda en este artículo, es propiedad del Dr. Ernesto Castellón Barreto, y no del Dr. Sergio Ramirez que lo único que hizo fué prestar esos archivos originales al Doctor Castellón y escribir la novela, una muy buena pieza literaria de ficción. Mi abuelo el Dr. Mariano Fiallos Gil es quien llevó el caso y heredó a mi padre los archivos originales. Castigo Divino es sólo una novela. La verdadera historia está escrita en el libro del Dr. Ernesto Castellón Barreto. “El Proceso Castañeda”. Esa es la fuente origal, el libro está agotado, se usó de texto para los estudiantes de derecho procesal penal de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la ciudad de León por muchos años. La buena noticia es que la biblioteca de la facultad aún tiene ejemplares de “El Proceso Castañeda” para su lectura y es posible que pronto salga una tercera edición del libro de mi padre. Se los recomiendo, la información es completa y el libro es muy entretenido para leer.

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    • Tu comentario es valido. El Dr. Ernesto Castellon Barreto fue mi profesor de Procesal Penal en la Facultad de Derecho (Sic Itur Ad Astra, esta es la frase en Latin que estaba en la puerta principal del edificio de la facultad). Recuerdo perfectamente la clase porque Ernesto mencionó el caso Castañeda y la evidencia circunstancial. Nunca se pudo encontrar el ‘smoking gun’, pero la evidencia circunstancial era tan abrumadora de que fue encontrado culpable.
      Estaria interasado en adquirir la 3ra edicion de “El Proceso Castañeda”. Me imagino que vos sos hermano de Aristides Castellón Fiallos.

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