Los olores de mi infancia

OLORES

Por Matilde Córdoba

El olor a jugo de naranja impregnado en un termo me devuelve de inmediato a mi infancia, a los recreos en La Asunción, a las mañanas soleadas de León, al calor, y se me viene a la mente una imagen mía: yo peinada con media cola —medio charral enredado— vestida con uniforme escolar y con el rostro quejoso. Me repugnaba ese olor a rancio. En cambio, me fascinaba el olor a mantequilla derretida en tres bollos de pan que mi mami preparaba y envolvía en bolsas de papel higiénico Velvet —en aquel entonces ella ya reciclaba las bolsas—.

El olor al pinolillo también me devuelve veinticinco años atrás y lo asocio a tranquilidad, a paz. Cada noche hasta los cinco años —quizás hasta los seis, no lo sé con exactitud— me tomé una pacha llena de pinolillo. Para aquel entonces las caries no eran una de mis preocupaciones y ahora que reflexiono, tampoco eran una preocupación de mi mamá.

El olor al pinol caliente es sinónimo de lluvia y me devuelve también a León, a los aguaceros que empezaban tipo cinco de la tarde y terminaban ya a las nueve de la noche, en los que nos tocaba vernos las caras y escuchar, con cada rayo, un santo Dios, santo fuerte, santo inmortal de mi abueli. A veces alguien hacía —yo jamás— un barquito de papel y la distracción era ponerlo en la corriente, junto a la cuneta, y verlo hasta que doblaba la esquina.

El olor a huevo frito y a cebolla refrita me recuerda los domingos en los que debía dormirme temprano porque al día siguiente iba a la escuela. Ese recuerdo va acompañado del olor a tortilla tostada.

El olor al nacatamal me recuerda los sábados por la noche. Aún hoy si un sábado alguien abre un nacatamal y calienta pan en el comal, yo me devuelvo a León, miro a mi mami, a mis tías, a mi abueli y a mis hermanas sentadas en la puerta de la casa y escucho cómo desde las casas vecina sale la voz de don Francisco, el de Sábado Gigante.

El olor a la leche caliente me devuelve a las mañanas. Me recuerdo sentada frente a las tazas marrón que aún conservan en la casa de mi abueli, con los codos sobre la mesa —“baje esos codos, Matildita”, me decía mi tía Alma— ideando algo para acabar con esa leche que siempre terminaba llena de nata. Un día mi mami se apiadó de mí y orientó que me permitieran tomar leche helada, pero licuada con pinolillo. Desde entonces no he vuelto a tomar leche caliente.

El olor a canela me recuerda al mercado de León, al fresco de cacao con leche que allá venden, el de doña Toñita, donde mi tía Alma nos llevaba después de terminar de hacer mandados.

El olor al corozo también me regresa a León, pero en Cuaresma. Imagino cada procesión. Veo el viacrucis de Zaragoza y también el de San Francisco, que cada Viernes Santo pasa por la Catedral a las doce en punto… hasta puedo sentir el calor y el hambre que usualmente experimentaba.

Y a ustedes, ¿qué olores les traen recuerdos?

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14 comentarios en “Los olores de mi infancia

  1. El olor a la madera del lápiz de grafito cuando le sacan punta, de calle que me devuelve a la primaria.
    El perfume del enfermero que me curaba cuando me operaron de la apéndice, wacala, me devuelve al hospital.

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  2. Mi infancia está llena de recuerdos de sabores y olores el de arroz con leche, del arroz de fiesta, los perros calientes que hace mi madre, el olor a pan recién hecho y a café de leche, el olor a tierra mojada, pero el que más me tranquiliza es el café con leche con un pedazo de torta de cumpleaños, me parece la gloria el queque amanecido para desayunar!

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  3. Comparto muchas de tus relaciones “olores-recuerdos de la niñez”. ¡Sólo me extrañó que no comentaras del olor a toallas húmedas! Jajaja
    ¡Cómo olvidar ese desgraciado olor a donas, repleta de manteca, con las que me intoxiqué! Entre otros que tanto odio, no puedo dejar de mencionar, esos desagradables olores a leche recien cocida o leche caliente con café.
    Pero no hay nada más exquisito que sentir el rico olor a pancito caliente (dulce o simple) o a queque de “dña Luz de Valladares, el de los frijoles blancos de dña Lourdes, el de nacatamal sabatino con café negro, la mezcla de olores de la fritanga de “dña Chayo” Dávila, el olor a jocote cocido que remonta a semana santa leonesa, el de las tortillas de dña Chica y dña Julia…¡cuándo termino de mencionar tantos olores que me devuelven a una niñez feliz!

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  4. El olor a pan recien horneado de la panaderia el bambino que llegaba hasta mi casa, el olor a la teja mojada que me ponia en la nariz cuando me la golpeaba y sangraba y decian que era una buena manera para detener la hemorragia, el olor al atol de maizena de la señora que pasaba todos los dias vendiendo. El olor a los meneitos , el olor a cacao con canela en el mercado. El olor de los picos de Ocaña. El olor a frijoles calientitos por la mañana. El olor a humo despues de la griteria chiquita , diciembre y año nuevo en toda la cuadra , me tenia que poner un trapo a veces creo porque era muy intenso. El olor a veneno cuando pasaban los carros fumigando para evitar una plaga de dengue , yo intentaba cerrar las ventanas pero me decian que las abriera pues era bueno que entrara el veneno. El olor del parque Arlen Sui el primer zoologico al que fui donde percibi olores de algunos animales que nunca habia sentido. No me habia puesto a pensar en eso , pero es interesante como la memoria guardarecuerdos de olores y sabores.

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  5. Recuerdos de mi infancia en León es el olor de barro mojado de los tejados y las paredes de taquesal húmedas. El olor de los lápices y el cuero del bulto donde llevaba los libros a la escuela que se daba a hacer en la tenería batán.

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  6. […] Aunque el 59% de los lectores entró en 2015 a través de Facebook, cada día son más los que llegan a Media Cuartilla por medio de un buscador o por Twitter. De las 6615 visitas que he tenido este año, 557 fueron porque encontraron la publicación en Twitter y 457 hicieron algún tipo de búsqueda. Uno de los términos de búsqueda fue “historia de los sonidos que escucho desde que me levanto”. Supongo que este lector o lectora buscaba el artículo Sonidos con historia. Ojalá lo halla encontrado. Otro de los términos de búsqueda es “no hay nada más rico que el olor a café recién hecho”. Sobre el café no recuerdo haber escrito, pero sí sobre los olores que me regresan a mi niñez. […]

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