Más de 10,000 caricaturas, pero solo 7 para llevar

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Por Matilde Córdoba

Hace unos meses le pedí al caricaturista Pedro X. Molina que escogiera las cinco caricaturas con las que más se identificara. Le costó un poco decidir, pero aquí está finalmente su selección y también una explicación de por qué las escogió. En vez de cinco, eligió siete. Dice él que esta entrada podría titularse “Siete caricaturas que no son la octava maravilla pero que a Pedro X. Molina le gustan”. Yo creo que dibujan su larga y fructífera trayectoria.

En septiembre de 2012 le hice una entrevista y fue un poco complicada. A Pedro le fascina parecer un tipo aburrido que no tiene nada que contar. Esa pose, sin embargo, poco o nada tiene que ver con él. Es un gran conversador y eso queda en evidencia hasta en sus extensos correos electrónicos.

Así empezaba el texto que escribí entonces: “Pedro X. Molina, el genial caricaturista que ha sacado más de una corroncha a políticos, a curas y a otras personalidades de la vida nacional, creció entre historietas cubanas y libros de comunistas rusos. Se resiste a contar detalles de su vida privada y jura ser el hombre más aburrido del mundo. Lo cierto es que es un hablador nato que gusta de la crítica porque la ve como esencia de la democracia”.

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Sus caricaturas han sido publicadas en todos los periódicos de circulación nacional y en diversos medios internacionales, entre ellos The Washington Post, Los Angeles Times, Chicago Tribune, The Vancouver Sun, El Universal de México, La Tercera de Chile y Newsweek (Latinoamérica).

Esta es la selección de Pedro. El texto debajo de cada caricatura y el titular fue escrito por él, en este explica el por qué de la elección.

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#SiMeMatan

Por Matilde Córdoba

#SiMeMatan no podrán decir que acostumbraba a trasnochar, que me drogaba y que era tomadora. Sí podrán decir que salía sola, que me ponía faldas, que contradecía a los hombres, que era feminista (ese término no les gusta), que solía ser metida e intentaba sensibilizar a otras mujeres sobre la violencia machista y que siempre estaba insistiéndole a mis colegas periodistas que no era importante saber si el violador o femicida estaba ebrio, que eso solo los justificaba.

Podrán decir también que era radical y recordarán lo que contesté cada vez que oí esa maldita pregunta que surge después de un femicidio: “¿y es que la mató porque andaba con otro?”. Y recordarán también que siempre endurecía el rostro y contestaba de mala forma: la mató porque se creía dueño de su cuerpo y de su vida.

#SiMeMatan me pasará lo de Micaela, la argentina; lo de Lesby, la mexicana por quien ahora escribo; o lo de Lucero, la nica a la que su expareja asesinó en la entrada de su casa la madrugada del domingo 30 de abril. Saldrá más de alguno o alguna tratando de hacerme responsable de mi propia muerte, intentando comprender qué pude haber hecho para que me pasara esto. Sobrarán los motivos para criminalizarme.

Miles de mexicanas están ahora especulando en las redes sociales qué dirían de ellas si las asesinaran. Usan el hashtag SiMeMatan. Lo hace a raíz de la muerte de Lesby Berlín Osorio, de 22 años, estrangulada con un cable de teléfono en México D.F. esta semana.Leer más »

“La palabra feminismo se empezó a usar hace poco más de 100 años en Nicaragua”

VICTORIA GONZÁLEZ
Victoria González Rivera-Media cuartilla

Por Matilde Córdoba

¿Quiénes fueron esas primeras mujeres que empezaron a hablar de feminismo en Nicaragua? La historiadora Victoria González Rivera se remonta a inicios de 1900 para contestar esta pregunta.

González Rivera es autora de “Before the Revolution, women’s Rights and Right-Wing politics in Nicaragua 1821-1979”, que aborda los inicios del feminismo en el país y actualmente elabora una investigación sobre los últimos años de la diversidad sexual en Nicaragua.

¿Quiénes fueron las primeras feministas en Nicaragua y qué demandaban?

La palabra feminismo se empieza a usar hace poco más de 100 años en Nicaragua.Yo encontré que ya para 1905 se usaba, pero tiene orígenes todavía anteriores. En el caso de Nicaragua, al igual que en el resto de América, esta lucha de las mujeres está ligada a los procesos de independencia.

Cuando los hombres dicen: somos libres o queremos ser libres, pues se dan cuenta las mujeres, y los hombres también, que es muy hipócrita el tener derechos y negárselos a las mujeres.

Ese discurso en parte tiene orígenes europeos pero también autóctonos, porque ¿qué más autóctono que el deseo de ser libre? Se habla de la Revolución Francesa, y eso no se puede negar pero quisiera hacer hincapié en las experiencias locales. Lo que sucede en Nicaragua es que mujeres a nivel individual deciden que quieren ampliar sus experiencias, tener acceso a carreras universitarias y a nivel individual avanzan y eso ya es un precedente. A nivel colectivo con el nombre de feministas no se crea un movimiento hasta el siglo XX. Pero son importantes todos los pasos que se dan en el siglo XIX.

El movimiento feminista de esa primera ola tenía lazos con mujeres en otros países y en mi opinión no hay que verlo como injerencia extranjera, todas se comunicaban y viajaban y se conocían entre ellas. Estaba entre ellas Juanita Molina de Fromen.

¿Quién era ella?

Ella es un caso muy interesante. Trabajó con doña Josefa Toledo de Aguerri, fue delegada en la Comisión Interamericana de Mujeres y asesora en asuntos de educación para el gobierno nicaragüense. Se casó con un estadounidense, estudió en Nueva York, quedó embarazada y tuvo depresión postparto y parece que se suicidó, entonces el esposo, quien apoyaba mucho el movimiento feminista en Nicaragua, tuvo un hijo luego que se volvió a casar, hablé con el hijo y él no sabía nada sobre esto. Ella estaba en contra de los marines estadounidenses en Nicaragua y tenía mucho optimismo de los cambios que iban a haber en Nicaragua. Trabajó para el gobierno nicaragüense de marzo a agosto en 1930 para el gobierno de Moncada.

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#MiPrimerAcoso

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Esta imagen se publicó en el diario La Izquierda, de Chile, cuando se aprobó un proyecto de ley que sanciona el acoso sexual callejero.

Por Matilde Córdoba

¿Recordás cuándo fue la primera vez que un hombre te acosó en la calle? A Tammy, 27 años, se le dificulta recordarlo. A Jennifer, de 17 años, también. A Mary, de 15, no. Ocurrió cuando tenía seis años, iba con su madre, un tipo le gritó “amorcito, ¡qué ricas estás!”. Ambas caminaron más rápido sin voltear a ver al agresor.

¿Hacemos todas el ejercicio de recordar?

Tammy, 27 años:

Es fácil recordar los más agresivos y asquerosos. El tipo que se sacó el pene y lo sacudió cuando pasó a mi lado en una calle de Managua, era de tarde y pasaban vehículos por el lugar, o el que cuando iba camino al colegio pasó al lado mío y se acercó tanto que casi me besa. ¡Ah! Y aquellos de lo más asquerosos y enfermos, en los que te dicen lo que te harían “en esa boquita, en ese…”. Así es como uno empieza a sentirse “cosa”, avergonzada, humillada en la calle por cualquier pendejo que se siente con el derecho de opinar sobre tu cuerpo, de morbosearte de la manera más descarada, de quererte tocar o de hacerlo. Hago un ejercicio para recordar y me doy cuenta que los primeros acosos a los que estuve expuesta no eran para mí, sino contra mi mamá o mi tía, con quienes yo iba de compras, a la escuela o de paseo. A veces ellas no les decían nada porque en ocasiones era en lugares más o menos peligrosos y asumo que temían que el acosador reaccionara de manera agresiva y que era mejor aligerar el paso.  Recuerdo también que las primeras veces que los hombres empezaron a decirme “cosas” yo iba también con ellas. Nunca pasaba cuando iba con mi papá, tío o hermano. Nunca. Tampoco me ha pasado cuando voy con mi novio. Vaya que estos ‘hombres’ respetan a los hombres. Desde la adolescencia mi familia evitaba que yo pasara por lugares donde había concentración masculina para no exponerme a una jauría de perros.

No importaba si era camino a la escuela, en el mercado, en la calle, en el bus, los acosadores estaban y siguen estando por todos lados. No importa que seás la mujer de curvas despampanantes o la chavala que apenas está empezando la pubertad, todo es que seás mujer, vagina entre las piernas, para que ellos se adjudiquen el derecho de opinar, disponer, rozar o tocar nuestros cuerpos.

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“El modelo de madre que se fomenta exige que las mujeres renuncien a todo o a casi todo”

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Por Matilde Córdoba

A mi edad, 32 años, mi madre ya tenía cuatro hijos. En los años ochenta y noventa ella se la pasó revisando tareas, haciendo malabares con su escuálido salario, yendo a reuniones en las escuelas y acompañándonos a citas médicas. Estudió durante cinco años una carrera universitaria y nunca se volvió a casar. No la recuerdo trasnochando, a menos que fuese porque estaba estudiando, ni permitiéndose lujos. Estoy convencida que hubiese sido más exitosa de lo que es hoy si no hubiese dedicado más de la mitad de su vida a criarnos. Seguramente también tendría dinero, bienes, qué sé yo.

Veo a mi madre y su sacrificio y me pregunto si quiero eso para mí. En ocasiones la respuesta es sí (porque tiene buenos hijxs) y en otras, la mayoría, es no. No quiero desvelarme por un bebé, tampoco quiero que mi cuerpo cambie por un embarazo, no quiero dejar de disponer de mi tiempo y empezar a velar por alguien más. No quiero pensar en qué escuela estudiará, cuántos idiomas deberá aprender ni en qué mundo vivirá.

Hay circunstancias, en cambio, en las que me pregunto qué será de mí cuando llegue a los 50 o 60, si acaso llego, y entonces me convenzo en que sí debo ser madre. Esto, como lo explica más adelante la socióloga y feminista María Teresa Blandón, tiene que ver con la desolación femenina.

Empecé esta entrada tras leer la investigación de Milagros Romero titulada Maternidades feministas: experiencias y reflexiones en construcción, en la que analiza las implicaciones que tiene la maternidad para jóvenes feministas y qué influencia tiene el feminismo en el ejercicio de la maternidad.

Milagros Romero apunta en su investigación que “esa tarea de cuidar, criar, educar, atender necesidades y llevar a la vida adulta a otro ser humano no debe ser solo tarea de las mujeres, pero en vista de lo bien que le cae al patriarcado que así sea, toda la sociedad se ha acomodado para que esto no cambie”.

Agrega que “esa exclusividad y sobrecarga de tareas no solo recaen en las mujeres madres no feministas, se trata de una realidad en la que todas estamos”.

Pensé en que hablar sobre la investigación no sería suficiente si no entrevistaba a alguien que haya problematizado el tema de la maternidad, así que busqué a María Teresa Blandón, quien explicará detalladamente por qué se cuestionan los fundamentos de la maternidad, el exigente modelo de madre que predomina, la presión social alrededor del tema y cómo medimos con una vara a los padres y con otra a las madres.

Como no hay una única razón por la que las mujeres son madres, entrevisté a mujeres de distintas edades y segmentos socioeconómicos para que cuenten por qué decidieron ser mamás (ver video).

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Las canciones machistas que ya no canto

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Por Matilde Córdoba

Antes que pudiera descargar Spotify en mi celular y de poner la antena en el carro sin temor a que me la robasen en un parqueo, solía escuchar una sola emisora cuando iba camino al trabajo. Casi siempre cuando faltaban dos semáforos antes de llegar al periódico salía en la radio una canción que me atraía por el ritmo y que sin darme cuenta me aprendí. Digamos que me aprendí el coro. Un día le puse cuidado a la letra y para mi sorpresa me descubrí rogándole a un ex, sabrá Dios cuál, que me ayudara a olvidarlo: no me trates bien ni sonrías más… Sé un ex de verdad, trátame mal, ayúdame con eso.

Supe después que la canción se llama un ex de verdad (los ex de verdad son los que maltratan según las intérpretes) y que la cantan dos muchachas cuyo nombre artístico es Ha-ash. Para no caer en la tentación de cantar la canción, ahora cambio la emisora cada vez que la ponen en la radio. Reflexioné desde entonces en cuánto machismo trae la música y cómo nosotras lo validamos aceptándola, cantándola, pidiéndola en las radios, yendo a los conciertos de esa gente. Si no estamos suplicando que un hombre no nos deje, estamos justificando y a veces pidiendo el maltrato. No importa que las interpreten mujeres u hombres.

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